Soy Bea Sánchez, nacida en Madrid, licenciada en Historia del Arte, pintora y apasionada del arte plástico y escénico desde que tengo recuerdos.
Crecí en un ambiente artístico, hija de músico saxofonista y hermana de 3 mujeres a las que el arte les corre por la venas. Mi infancia está llena de recuerdos musicales, teatrales… Me pasaba el día pintando y cantando por los rincones.
Finalmente me decidí a estudiar en la Universidad Autónoma de Madrid Historia del Arte y en esos años descubrí el Arte Abstracto.
Descubrí que la abstracción es honesta, es libre, es directa, es la esencia de lo importante, del sentimiento, de la sensación, de la verdad. Y tiene una virtud maravillosa que es la subjetividad, la libre interpretación. Porque cada uno somos el resultado de nuestras vivencias y circunstancias y vemos las cosas desde ángulos diversos, lo que hace que cada espectador se convierta en co-creador y haga cada obra un poquito suya.
Pintar cuadros abstractos implica cierta valentía porque acabas mostrando tu interior y a veces da cierto pudor.
Yo, por ejemplo, pinto desde que era una niña, e incluso siendo adulta nunca me había atrevido a dar el paso de plasmar algo que fuera más allá de lo obvio. Hasta que llegó la pandemia, nos confinaron… y mientras muchos hacían panes, puzzles o veían series de Netflix, yo comenzaba a dar rienda suelta a pinceles, espátulas, esponjas… Empezaba a experimentar cómo era pintar lo intangible y a mostrar la importancia de lo que no se ve pero se siente.
Desde ese momento tengo que reconocer que no he vuelto a pintar una obra realista hasta el momento.
El arte abstracto me ha llevado directamente a experimentar con técnicas y materiales en los que nunca había pensado, situándome, claramente, en otra etapa de mi creación artística.